Publicado el 11/07/2025 por Administrador
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Una nueva y alarmante cifra revelada por la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sacude a la comunidad internacional: al menos 798 personas han muerto en la Franja de Gaza desde finales de mayo mientras intentaban acceder a alimentos y ayuda humanitaria. El informe, basado en datos recogidos entre el 25 de mayo y el 10 de julio, apunta a una crisis humanitaria sin precedentes, donde la búsqueda desesperada por sobrevivir se ha convertido en una sentencia de muerte.
Según el portavoz de la ONU, Ravina Shamdasani, 615 de esas muertes ocurrieron cerca de centros de distribución gestionados por la llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), una iniciativa respaldada por Estados Unidos e Israel. Los otros 183 fallecimientos se produjeron en puntos de paso de convoyes humanitarios o en rutas hacia ellos. En muchos de los casos, las víctimas fueron alcanzadas por disparos mientras hacían fila para recibir comida o agua.
La creación de la GHF surgió en respuesta a denuncias de que grupos armados palestinos, como Hamas, interferían en el reparto de ayuda. No obstante, múltiples organizaciones humanitarias han criticado que este modelo de distribución, bajo fuerte presencia militar, ha elevado exponencialmente los riesgos para la población civil.
La escena se repite con trágica frecuencia: multitudes hambrientas, largas filas bajo el sol, disparos, estampidas, y cuerpos tendidos entre bolsas de arroz y bidones de agua. La ONU denuncia que en muchos de estos puntos de ayuda no se cumplen las condiciones mínimas de seguridad ni respeto al derecho internacional humanitario.
“La situación es desgarradora. Las personas en Gaza se ven obligadas a arriesgar sus vidas para conseguir comida. Este nivel de desesperación no es accidental, es consecuencia directa de un sistema que les ha fallado”, declaró Shamdasani en una rueda de prensa en Ginebra.
Israel ha negado cualquier responsabilidad directa, argumentando que sus fuerzas solo responden a incidentes violentos en las cercanías de los centros de ayuda. Sin embargo, varios informes de organizaciones como Human Rights Watch y Médicos Sin Fronteras contradicen esa versión, al documentar heridas de bala en civiles desarmados y la falta de protocolos de contención en estos puntos de distribución.
La situación alimentaria en Gaza ya era crítica antes de estos hechos. Según el Programa Mundial de Alimentos, más del 90% de la población enfrenta inseguridad alimentaria severa, con familias que dependen exclusivamente de las entregas esporádicas de ayuda internacional. La escasez de agua potable, medicamentos y combustible agrava aún más el escenario.
En este contexto, diversos actores humanitarios han pedido una revisión inmediata del modelo de distribución implementado por la GHF y el regreso a un sistema centralizado y neutral, administrado por la ONU y sus agencias especializadas. “El acceso a la ayuda no puede estar condicionado a la presencia militar ni convertirse en un campo de batalla”, declaró una portavoz de la Media Luna Roja Palestina.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, exigió investigaciones independientes sobre las muertes y advirtió que impedir o poner en peligro la entrega de ayuda humanitaria podría constituir un crimen de guerra.
Mientras tanto, la vida en Gaza sigue marcada por el hambre, el miedo y el duelo. Las imágenes de padres cargando a hijos heridos o muertos tras intentar conseguir un poco de pan han dado la vuelta al mundo, reavivando la urgencia de una respuesta internacional contundente.
El clamor de las víctimas y las advertencias de la ONU coinciden en un punto: la asistencia humanitaria no puede seguir costando vidas. Es hora de garantizar corredores seguros y un acceso digno a lo más básico: el derecho a alimentarse sin morir en el intento.