Publicado el 03/07/2025 por Administrador
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La canciller de Colombia, Laura Sarabia, presentó este jueves su renuncia irrevocable al cargo, alegando serias diferencias con decisiones tomadas recientemente dentro del Gobierno del presidente Gustavo Petro. La dimisión, que sorprendió a muchos por la estrecha relación de Sarabia con el mandatario, se suma a una serie de tensiones que han sacudido al Ejecutivo en los últimos meses.
Sarabia, quien había asumido el Ministerio de Relaciones Exteriores a finales de enero de este año, publicó una carta en sus redes sociales en la que explicó que su renuncia responde a motivos de coherencia y respeto institucional. Sin mencionar nombres ni detalles explícitos, dejó entrever que su desacuerdo con una decisión específica del Gobierno fue determinante para su salida.
Sin embargo, fuentes cercanas al Palacio de Nariño confirmaron que la ruptura gira en torno a la polémica licitación del contrato para la producción de pasaportes colombianos. La decisión del Ejecutivo de optar por la Casa de la Moneda de Portugal, dejando de lado a la empresa Thomas Greg & Sons —actual encargada del proceso—, habría generado fuertes roces internos. Sarabia defendía una prórroga con esta firma, advirtiendo que la Imprenta Nacional no estaba lista para asumir el reto técnico.
Este desacuerdo se produce en un contexto en el que ya habían existido fricciones internas por el mismo tema. El anterior canciller, Álvaro Leyva, fue suspendido por la Procuraduría precisamente por irregularidades en el manejo de la licitación de pasaportes, dejando en evidencia la sensibilidad política del asunto.
La salida de Sarabia representa una pérdida significativa para el círculo más cercano del presidente Petro. Considerada una figura clave en su gobierno, no solo fue su jefa de gabinete, sino también su mano derecha durante la campaña electoral y en momentos críticos del mandato. Su lealtad y cercanía le otorgaban una posición de peso dentro del gabinete.
Desde el Congreso y otros sectores políticos, la renuncia ha sido interpretada como una muestra de desgaste en la gestión interna del gobierno. Algunos analistas consideran que refleja un gabinete fracturado y cada vez más expuesto a las tensiones por decisiones técnicas que terminan politizándose.
Además del componente político, la dimisión de Sarabia también abre un flanco diplomático: Colombia deberá enfrentar el tramo final del gobierno de Petro con un nuevo canciller, justo en un momento clave para las relaciones exteriores, como el liderazgo en la CELAC, la agenda ambiental y los diálogos de paz con grupos armados.
Desde la oposición, ya se cuestiona la forma en que se ha manejado la contratación pública, exigiendo transparencia total en la adjudicación del contrato de pasaportes y advirtiendo sobre una supuesta improvisación en los procesos del Ejecutivo.
Mientras tanto, el presidente Petro aún no ha anunciado oficialmente quién asumirá la Cancillería. La vacante genera expectativa no solo por el perfil que se elija, sino por el mensaje político que ese nombramiento podría enviar de cara al último año de gestión.
La renuncia de Laura Sarabia marca un nuevo punto de inflexión para el gobierno colombiano. No solo pone de manifiesto las tensiones internas sobre temas sensibles, sino que debilita el bloque de confianza que hasta ahora había sostenido el corazón político del presidente.